El periodismo, el túnel, los periodistas y los géneros

Isabel González, con su solicitud en Facebook (estoy haciendo una lista de 40 periodistas que sean relevantes en la historia universal de este noble oficio) me metió en un túnel. Un espacio cerrado y oscuro, quizás, en el que me vi forzado a revisar las consecuencias o implicaciones de su pregunta por los 40 mejores periodistas de todos los tiempos. A la salida de ese examen sobre criterios profesionales entre periodistas, mis nuevas preguntas y algunos resultados se pueden resumir así:

  1. No podemos responder esa pregunta de una manera absoluta. Es mucho más lo que desconocemos los colombianos, o latinoamericanos, en esa materia. La tendencia general de las respuestas –las dadas o las que pudiéramos dar- se refieren necesariamente a nuestro entorno cultural. A nuestro mundo, a nuestra cultura.
  2. ¿Qué entendemos por periodistas? ¿A quiénes nos referimos? Periodistas son los fundadores o dueños de los periódicos, por lo menos en la tradición latinoamericana –también en otras partes del mundo- de periódicos familiares. Periodistas son los editores, los jefes de redacción, los coordinadores, los redactores, los fotógrafos de prensa.
  3. Con claridad, los cronistas son periodistas, así no publiquen en un medio masivo convencional. Por las exigencias de la crónica. ¿Se podría considerar periodistas a los cronistas literarios, los que escriben desde la perspectiva literaria? Periodistas son los investigadores que se atienen a los métodos y condiciones éticas del periodismo y que no publican en medios sino en libros o en la Red. Periodistas son los escritores de perfiles, independientemente de sus intereses, si son rigurosos.
  4. ¿Los columnistas y analistas son periodistas? Pues si se dedican al oficio, claro. Los ocasionales, los invitados, los aparecidos, los amigotes, no lo son.
  5. ¿Por qué entonces en las respuestas que recibió la pregunta de Isa en Facebook se leen ante todo nombres de cronistas? ¿Es la crónica el género periodístico de mayor trascendencia, de más recordación, el de más impacto, el que más perdura? Y ¿por qué? ¿Por qué le llega más al lector o porque los demás géneros son demasiado frágiles al paso del tiempo?
  6. Antes de la consolidación moderna de los géneros periodísticos, el editorial y sus ‘ad lateres’ –como el comentario- eran los dominantes. Sus autores eran recordados y reconocidos. Después lo siguió siendo el editorial mas que la columna. Hoy, la columna domina el periodismo de opinión. Entre otras, gracias a la maravilla de la Red. En Colombia, en la prensa escrita, florecieron los columnistas entre los 30 y los 60 y los editorialistas tuvieron influencia hasta los 70, diría yo.
  7. Pero después, desde comienzos del siglo pasado, la gloria se la llevaron la notica y el informe, entendido este como noticia en profundidad. El periodismo informativo copó todos los espacios, los privilegiados, el interés de los lectores y de los poderosos.
  8. Pero no se demoraron la crónica, el reportaje y la entrevista –que con los años pasó a ser también perfil- en convertirse en las piezas duras, de fondo, realmente contundentes. Fueron los géneros que arrastraron todos los cambios y todas las reformas del periodismo contemporáneo.
  9. ¿Entonces? Por qué respondemos con cronistas –en su enorme mayoría- a la pregunta sobre los periodistas más destacados, inolvidables, contundentes y definitivos? ¿Dejamos a los demás en los centros de documentación y en los archivos muertos? ¿El periodismo narrativo se impondrá sin remedio al periodismo de opinión? ¿El periodismo informativo se quedará como respuesta inmediata a la necesidad de estar informado y el periodismo narrativo al placer de leer y de dejarse seducir por las historias.

La encrucijada que vive el periodismo de hoy, donde los medios

se encuentran compelidos a dejar sus espacios análogos, cómodos y fructíferos, por otros digitalizados e inseguros, y los periodistas por redefinir sus espacios profesionales, las respuestas a la pregunta de Isa y a las que necesariamente he planteado ahora, apenas parecen brotar de entre la nebulosa.

Del homenaje al tedio -de cómo quedamos en deuda con GGM-

Menos mal de Gabriel García Márquez permanecen una modesta caja de cenizas y una obra impresionante. Porque lo que ha pasado como un rayo incómodo, quizás, ha sido la reacción oficial a su muerte anunciada.

El escritor nos acostumbró a una polémica cercanía con el poder, en todas las vertientes de las izquierdas de su tiempo, pero con una salvedad interesante: fue él quien moduló desde sus intereses esas relaciones.

GGM huyó de fastos, banquetes, cocteles, condecoraciones, lanzamientos y demás arandelas en la vida y costumbres de los poderosos y sus maneras de entender las reglas de las conveniencias mutuas. Con algunas excepciones, claro. Como se puso corbata de joven, cuando ejerció de periodista, y la desdeñó oficialmente desde el Nobel por lo menos. Quizás por lo que ese fragmento de prenda significa: entre herencia medieval de carácter clasista y símbolo decadente de los ronderos del poder.

Recientemente, desde que estaba sobre el tapete la inminencia de su muerte, bastantes días antes de que se nos dijera que tenía gripa, que permanecía estable y que se recuperaría una vez más sin problemas, los interesados, sobe todo los medios de comunicación, actualizaron sus archivos y prepararon una vez más las páginas, las notas, las fotografías y los videos que saldrían al público en forma de ediciones o de entregas extraordinarias tan pronto el escritor falleciera de un cáncer que tenía incubado desde hacía más de una docena de años.

Por eso vimos de un día para otro, y del jueves al fin de semana, una avalancha de publicaciones, convencionales y digitales, sobre el Nobel colombiano y sus 87 años bien vividos. Y sobre sus textos: cuentos, novelas, crónicas, columnas y memorias, amen de discursos eventuales pero reconocidos. Todo estaba fríamente calculado como se debe en estos casos, periodísticamente hablando, por supuesto.

La reacción en grande, digamos, fue de los medios colombianos, de muchos latinoamericanos y de algunos otros en países en los que el escritor no solo fue leído sino amado, reverenciado incluso. Tenían previsto el cubrimiento, en su mayoría, y se aseguraron así de estar a tiempo frente a sus lectores, en periódicos, revistas, radioemisoras, televisiones y páginas web.

México, representado en una presencia equilibrada de funcionarios encabezados por el presidente Enrique Peña Nieto y de intelectuales cercanos a Gabo, dejó que la familia decidiera con autonomía sobre que no habría honras fúnebres tradicionales sino apenas cremación en privado, y admitido luego que se le hiciera al escritor fallecido un homenaje -en realidad oficioso y cercano al tedio- en el Palacio de Bellas Artes, el máximo escenario posible en dicho país para estos reconocimientos. No en vano GGM había vivido allí, en la capital federal, durante 50 años y consideraba a México su otra patria.

Algunos colombianos amigos del escritor se apuraron para estar en Ciudad de México el día del acto solemne, pero la delegación oficial encabezada por el presidente Juan Manuel Santos Calderón se convirtió, por razones políticas, en la cabeza de la representación nuestra. Santos no era amigo de Gabo aunque debía ofrecer sus condolencias en nombre de la Nación, pero lo que hizo fue aprovechar la oportunidad, que el destino le colocó en bandeja de oro, para darse pantalla y reforzar de alguna manera su maltrecha campaña presidencial.

Por eso nos podemos explicar los colombianos que aquí, entre nosotros, corriera el Ministerio de Cultura a preparar el respectivo homenaje-espejo a Gabo, pero en la Catedral Primada, donde estarían a la cabeza el cardenal Rubén Salazar Gómez y el Primer Mandatario, para seguir aprovechando los planos privilegiados de la televisión y los reportes susurrados de los periodistas de la radio. GGM no estaba en la ceremonia. Me refiero a sus cenizas. Apenas su memoria y la veneración recién confesada por los más altos representantes de la institucionalidad permitían ese artificio.

Y ahí como que todo se detuvo. Continuaron algunos desarrollos en los medios, cada vez más breves, por supuesto, pero el Gobierno desde entonces ha brillado por su ausencia. Anuncios esporádicos acerca de actividades que vienen en el inmediato futuro, dispersas, como balas de salva.

El colombiano más reconocido en el mundo, el escritor más reputado y más vendido, el único ganador del Premio Nobel de Literatura entre nosotros, Gabo el inmortal como le dijeron repetidamente, no parecía merecer más que una liturgia menor y más discursos fofos, llenos de lugares comunes.

No se prepararon proyectos que conmovieran al país, que lo inundaran, que les permitieran a los jóvenes conocerlo y leerlo. Colegios y Universidades debieron organizar sus actividades conmemorativas al unísono y rescatar la importancia y el impacto de la Revista Alternativa, una desconocida hoy; las alcaldías de las capitales de departamento debieron promover lecturas públicas, foros, exposiciones de fotografías, debates indispensables, e incluso publicaciones parciales de la obra -negociadas con Norma -pues ejerce un monopolio desesperante- que la gente pudiera comprar baratas como aquellas ediciones memorables que hiciera el poeta Jorge Rojas desde el antes Colcultura. Enfin…

En Colombia, el homenaje a Gabo fue improvisado y previsible, enmarcado en una catedral, decisión que debió alborotar sus cenizas, y reservado a las esferas más allegadas a la Presidencia. De resto, un concurso de libros de cuento, tímidas iniciativas privadas y anuncios de tiempos preelectorales en los que nos dignamos ya confiar pocón.

 

Rasgar hasta las vestiduras

base_imageSobre un incidente jarto en la Feria del Libro.
Desafortunado el incidente en plena entrevista a Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro, en Bogota. Me parece inmaduro y pleno de arrebatos adolescentes. ?Por qué no plantearle un debate al escritor? Vargas Llosa es buen conversador y excelente debatiendo. Pero regañarlo y rasgarle un libro como señal inmadura de repudio es infantiloide.
El fondo del asunto es la posición política de Vargas Llosa, abiertamente de derechas. Y en eso ha sido de una línea siempre. No le han temblado la voz ni la pluma para defender sus ideas y arremeter con ironía contra sus enemigos. Pero tenemos qué respetar las posiciones ideológicas de los escritores -en este caso- si queremos acercarnos con una mente más abierta a sus textos. Ahora, si no nos interesa, pues listo. No abrimos sus libros. Pero tampoco los tenemos que agredir.
Si miráramos con igual parámetro la literatura latinoamericana, poco podríamos escoger si se tratara de alinear a los escritores -y artistas en general- con las izquierdas. Pero este es el rasero que no podemos aceptar. Nos acercamos a un escritor por sus libros, no por sus ideas políticas, aunque necesariamente se cruzan los cables entre los dedos sobre el computador y el texto ficcionado que brota palabra a palabra.
Ahora, como algunos han escrito por ahí, en el afán de la reacción, no me vengan a decir que si no les gusta Vargas Llosa como escritor es en razón de sus ideas políticas. Tampoco les gustaría Borges, por ejemplo. Ni me las creo si me explicaran que Gabo les apasiona por sus simpatías con los Castro y otros mandatarios latinos de ese corte. GGM es enorme por sus libros y frágil por sus afinidades con los poderosos de su lado.
Es un viejo debate este de si la vida o las ideas de los escritores influye en sus obras, se revela en ellas, las magnifica o las pervierte, debate sin resolver por supuesto, pero lo que tenemos qué separar es la producción artística, el acto creativo, de las ideologías de momento, para poder enfrentar la obra en una especie de espacio privado: aquel en el que el lector se enfrenta al libro y se conecta con él hasta la medula o lo rechaza hasta la indiferencia.
En lo que a mi respecta, Mario Vargas Llosa como columnista de prensa me saca la piedra y como escritor de literatura me encanta.

El café. Los caficultores. La Federación. Repaso de afán.

En sus años dorados, la Federación de Cafeteros organizó el negocio. Tomó monopolio de la exportación de café, vio crecer su fortuna gracias a la retención cafetera (dineros públicos), mejoró los sembrados y el beneficio del grano entre cientos de miles de campesinos y terratenientes, hizo carreteras terciarias y acueductos veredales. La calidad de vida del sector fue la mejor en el sector agropecuario colombiano.
Pero la Federación derrochó mucho dinero. Sus gerentes vivieron como reyezuelos, sus ejecutivos amasaron pequeñas fortunas, y sobre todo, los dirigentes entre los años 60 y 2000 aprovecharon la ‘oportunidad’ para hacer y consolidar negocios personales o de familia aquí y sobre todo en el exterior.
Además, la Federación fue mala negociante. Era dueña de la Flota Mercante Grancolombiana, que quebró estrepitosamente porque no fue capaz de adaptarse a las exigencias del mercado en su momento. Y fue dueña de Aces, la aerolínea más exitosa del país entonces. Pero también quebró. Extrañamente su presidente visionario vio una oportunidad fundiéndose con Avianca -que estaba a punto de quebrar una vez más- y unos meses después desaparece Aces y Avianca queda consolidada. La platica se esfumó. Esas fortunas, la Flota y Aces, eran de los cafeteros. Quién les ha rendido cuentas?
Para acabar de ajustar, la Federación viene equivocándose en sus políticas sobre la siembra y el mercado del café desde muchos años atrás. Por ejemplo, en una época le dio porque los productores acabaran con parte de sus cultivos y sembraran cítricos porque iba a montar una planta para producir y exportar jugos. Muchos cayeron en esa trampa. Nunca hubo planta. Y en otra oportunidad, cuando creían que había exceso de producción en Colombia, promovieron la siembra de cacao. Pero los procesadores del cacao del país en ese entonces no les compraron la pepa. Miles de pequeños productores quebraron en ambas oportunidades. Y la Federación, callada.
Finalmente, poco se ha preocupado Fedecafé por la calidad del producto final para que pudiera competir en un mercado mundial cada vez más exigente. Aquí nos quedamos hasta hace poco cultivando caturro como la gran opción y está demostrado que no es gran cosa.
Hoy, los productores pequeños y medianos están amarrados por una cadena de créditos que no alcanzan a pagarse y terminan trabajando para los bancos. O entregándoles sus tierras. Seguimos cultivando café con químicos dañinos y contaminando las aguas con los residuos. Ahora no producimos suficiente café y los exportadores prefieren entonces enviarlo todo al exterior e importar cafés de menor calidad para el consumo interno. Y como los precios han bajado y el dólar está mermado, lo que les llega a la mayoría de productores no les permite sobreaguar. Solo las empresas dedicadas al cultivo del café, en tierras de gran extensión, logran resultados. Los demás van llegando a la inanición.
Entonces?

Lo local como reto

 

Once mil periodistas han perdido sus trabajos en España desde que comenzó la crisis económica en el 2008. Cifra escandalosa. Debe haber muchos vendiendo frutas,  manejando taxis, vendiendo por teléfono, dando clases. Pero con seguridad pocos han pensado y ensayado caminos alternativos, diferentes a ser empleados de un medio masivo que garantiza los ingresos.

El ejercicio del periodismo hoy pasa por una situación peor que la debacle económica de medio mundo. Se trata de la obligatoriedad de replantear la profesión ante los cambios dramáticos de la tecnología. Los periodistas parecen inútiles en muchas circunstancias. Incluso algunas empresas –de las que piensan ante todo en la rentabilidad-  prefieren contratar aficionados a las tecnologías de punta, que les resultan más baratos y menos críticos.

Cada vez queda más claro que los periodistas tienen qué hacerse valer por su preparación, por sus criterios, por su capacidad para hacer reportería, por su finura en la selección de los temas, por la calidad de su edición y por la solidez de sus análisis. La gente necesita información precisa, valiosa, oportuna, clara. Lo demás es montonera. La ventaja es que hoy en día esas condiciones pueden tener lugar aún fuera de los medios masivos.

Las páginas periodísticas en Internet –incluyendo los blogs de análisis y opinión, personales y en equipo- y muchos espacios en las redes sociales van teniendo cada vez mayor acogida y penetración. Ya queda claro para la mayoría de los expertos que el periodismo migrará sin excepción a internet y que allí se multiplicarán aún más sus propuestas y oportunidades. El New York Times ha logrado ya, a manera de anuncio premonitorio para el resto del mundo, recibir más dinero por anuncios en su sitio punto/com  que en su edición impresa.

Sin embargo, en Colombia pueden parecer lejanos estos horizontes. Los grandes medios escritos andan en crisis de identidad –que pagan sus periodistas y lectores- y nada que encuentran aún la manera de hacer menos estruendosa y costosa su migración a los formatos digitales. Las pequeñas radios padecen sus quiebras y las cadenas dominantes se apegan a sus aciertos históricos para no tener qué cambiar tan rápido, bajo la presión de la radio digital y las nuevas tendencias temáticas obligadas por los cambios radicales en el comercio y difusión de la música.

Quizás los dos ejemplos visibles más recientes son la creación de la revista Portafolio, de la Casa Editorial El Tiempo, que circula en papel para competir con otras de su género y trata de morder un espacio a las pocas revistas serias en este país, pero pierde la oportunidad de proponer un medio digital nuevo, exclusivo en internet, que se lance a conquistar un espacio antes de la migración obligada y de la competencia desesperada que viene sin remedio. Y el otro es que el Grupo Santodomingo, extrañando sus viejas épocas de Caracol Radio y la posibilidad de lograr alianzas comerciales con sus medios impresos, compra la cadena Melodía para transformarla en una radio vieja, del mismo estilo de la competencia.

Entre nosotros, y mientras crece el  acceso a internet y aumenta  el uso de computadores en todas las capas de la sociedad, la circulación de periódicos y revistas dirigidos específicamente a sectores de la población, a estudiantes, profesionales por áreas, a iniciados en temáticas específicas, aún tienen un espacio casi sin límites. Como lo tienen las radios pequeñas –mientras tanto- y las emisoras locales de televisión. Pero los cambios en las temáticas, en los tratamientos, en los diseños y en la circulación/difusión han de ser igualmente drásticos.

Las comunidades definidas por alguna razón o característica esperan de los medios tradicionales propuestas distintas. No tanto novedosas como mejores, oportunas, comprensibles y confiables. Contenidos ligados al análisis, a la comprensión de los fenómenos de interés común, pensados para la información y el mejoramiento de los elementos de juicio. Entender mejor la realidad circundante, lo local sobre todo, se ha vuelto el objetivo y el espacio predilectos, pero además novedoso, oportuno y fértil para las propuestas periodísticas que se piensan en función de los lectores/receptores –primeramente- y no desde el bolsillo, desde los rendimientos económicos como motivación fundamental. Obviamente tiene que lograrse –por algún canal- un equilibrio costos/ingresos que permita la subsistencia y por qué no, que paso a paso consolide el trabajo, la comunidad/audiencia y las ganancias. Porque los medios no son un apostolado. Han de responder a un ejercicio profesional serio, consistente, ético, que vele por los intereses de los ciudadanos y ejerza una auditoría permanente de las actividades públicas, ante todo las del Estado y sus socios.

Lo local es el espacio del periodismo de hoy, el puente que garantizará la migración exitosa de lo analógico a lo digital, la opción para que una comunidad entienda mejor sus vínculos y los consolide. Lo local es al tiempo el reto para los periodistas que buscan espacios precisos, en cierta forma nuevos entre nosotros, dentro de los cuales el ejercicio de la profesión sea por fin un reto, una apuesta por un presente mejor y un mañana claro, y sobre todo, un compromiso.

Texto publicado en el periódico Tinta Tres, Medellín. Agosto 2012.

Columnistas de conveniencia

La cosa es sencilla. El general Naranjo escribe un texto a su medida, como puede, y un editor de las páginas de opinión de El Tiempo le corrige, le edita, lo deja a punto. Y aparece entonces un domingo como el nuevo columnista estrella. Qué lástima.

El Tiempo ha ido perdiendo en estos años su identidad en las páginas editoriales. Ha ido mermando su fuerza, su contundencia, su capacidad de debate y de crítica, de análisis y de visión. La razón es que ha ido cambiando los mejores escritores -sólidos, espléndidos y llenos de temas y recursos- por las figuras públicas más convenientes, por las que le gustan y mantienen una posición política correcta según los criterios del diario.

Un periódico de primera línea en Colombia, de tradición enorme, capaz de informar y debatir, así no tenga la razón o meta con frecuencia inusitada las patas, no puede darse el lujo pendejo de retirar a sus columnistas mas sólidos, respetados, admirados y referenciados para dar paso a columnistas que ni siquiera saben escribir bien, que cultivan las mismas ideas planas y fofas, que defienden lo obvio y mantienen un imaginario sobre el país que da grima.

El general Naranjo puede ser una figura pública de primera línea; puede ser el mejor policía colombiano (quizás el mejor jefe); puede ser incluso personaje apto para el senado, para la política; puede ser un pozo de experiencia y de sabiduría alrededor de la lucha contra los delincuentes; puede ser un hombre respetado y admirado por la mayoría de los colombianos. Pero todo eso no lo convierte en un columnista. Y menos en un buen columnista. Y menos en un columnista de primera línea. Apenas será columnista de conveniencia. Para quedar bien y consolidar las influencias.

Reforma de pena… lo que nos pasa

Buena parte de la responsabilidad de lo que nos está sucediendo la tenemos los electores. Porque llevamos a Congreso a esos manes (que no señores) indignos, incapaces, sin más valores que su propia conveniencia. Y parte de la responsabilidad la tienen un Gobierno complaciente y unos partidos afincados en sus beneficios, estancados en sus prebendas. Y el resto de la responsabilidad la tienen quienes fueron elegidos y no han sido capaces de estar a tono con su dignidad. Apenas han dado paso a sus ambiciones, con frecuencia anti éticas e incluso ilegales. Así que… así que debemos reaccionar. No solo hoy, en el momento de la indignación, sino cada día y sobre todo en el día de votar por ellos, porque es en las urnas donde podemos pedir cuentas y cobrar los desatinos e incluso los delitos que el Sistema les olvida con ligereza. Y reaccionar también es debatir a nuestro alrededor el asunto, este asunto, hacerlo claro, ponerlo sobre la mesa, para que los nuestros, la familia, los amigos, los conocidos, los vecinos, los del trabajo, los de la farra, se enteren, lo piensen y les sigan los pasos a sus caudillos de barrio, de comuna/sector, de ciudad, de departamento. Para que en el instante de poner su dedo sobre el lector de huellas digitales estén seguros de haber votado por los que deben ser, y de haber dejado por fuera a los corruptos, a los ladrones, a los descarados, a los avivatos, a los canallas, a los indignos. Suena a mecánica, pero de eso se trata.

Aquarimántima

En buen momento, en el mejor posible, Juan Luis Mejía, rector de la Universidad Eafit, se empeñó en la publicación en un solo volumen de todos los números de la revista Aquarimántima, que circuló en Medellín entre el 74 y el 82 del siglo pasado.
Para decirlo de una vez, Aquarimátima -nombre que proviene de un poema de Barba Jacob- se dedicó a la poesía. Una revista de poesía en una ciudad que ha sobresalido por sus acciones rotundas en favor de la rentabilidad aunque, es justo reconocerlo, también ha dado pié a transgresiones múltiples que han logrado equilibrio y aire fresco en medio de los negocios como ideal de vida.
Es justo decir que Aquarimátima publicó algunos textos en prosa, al final de su periplo, en cuanto entendió que debía abrirse a otras expresiones de la escritura.
Pero lo valioso fue que en la revista todos los que eran y son hoy tuvieron un espacio. Reconocimiento o previsión. Ya fueran de Medellín, de Colombia o del exterior, gracias en este caso a traducciones como las de José Manuel Arango. Aquarimátima no recibía colaboraciones, Solicitaba ella misma los textos a quienes consideraba autores representativos, valiosos, actuales, nuevos en el mejor sentido o claves. Así no los conociéramos. Por eso abrió un camino y dejó una marca. Se convirtió en la revista de poesía más importante del país en su momento y aún es posible rastrear el efecto de su presencia entre nosotros.
Por eso Juan Luis Mejía, quien siempre, desde esa época, permaneció atento y cercano al grupo de editores de la revista, pensó ahora, al cabo de 30 años, que era tiempo de que Aquarimántima tuviera una segunda vida en forma de libro. Y tendrá una segunda presencia en las letras colombianas.
Todo comenzó, en el 74, con Elkin Restrepo, a quien quien rápidamente se unieron José Manuel Arango y Miguel Escobar Calle. Y llegaron a ese consejo editorial otros amigos con los meses y en vista de la acogida de un público medido pero entusiasmado e interesado de veras.
Esa fue la historia que Elkin Restrepo contó, a saltos, en la presentación del libro de la Editorial Eafit en la Feria del Libro de Bogotá, filbo, el pasado viernes 27 de abril, de la mano de Ana María Cano, editora de la Universidad.
Miren el libro. ¡Qué libro!

¿Oficio o profesión?

A propósito del Día del Periodista
Lo que vio la Corte Constitucional fue un ejercicio diario, frenético, ansioso, que logra, gracias a unas técnicas que pueden aprender muchos, unos resultados claros: transformación de acontecimientos en información puntual, organizada, legible, comprensible.
Lo que no pudo ver la Corte en su momento (y en especial el ex magistrado Carlos Gaviria) fue la pasión, la entrega, el compromiso. Pero lo más importante que se les escapó fue que la práctica cotidiana y sin freno de este oficio transforma la mente de las personas, las enriquece, les proporciona elementos para entender el mundo, su mundo, les aporta referentes y les permite -con distintas medidas- organizar el caos según su necesidad, según sus intereses. Y para esto se necesita profesionales a cabalidad.
El periodismo se ha ‘apoderado’ del mundo contemporáneo, ha armado y desarmado las mentes de las personas, conforma y deforma la percepción de las cosas, de lo cotidiano, de las fuerzas e intereses que mueven las naciones, los Estados y las personas.
Ese periodismo se encuentra hoy en crisis severa, revolcado, enfrentado a la desaparición si no se transforma, si no atiende los retos de internet y de lo digital, si no revisa a fondo la relación con los usuarios, con las comunidades, si no aclara su propósito, su función, su sentido. Y si no responde mejor y más éticamente a las necesidades complejas de hoy.
Y se necesita mucho más que una técnica y el dominio de un oficio para lograr un enfrentamiento exitoso con estos retos.

Carátulas a lo mediocre

Estoy por pensar que la mayoría de las editoriales colombianas se olvidaron de que los libros entran por los ojos. Por sus carátulas. Uno visita las librerías y se da cuenta de la diferencia de calidad entre las carátulas de editoriales de afuera y las nuestras. Y eso molesta. Nos tratan como a públicos de segunda.

No pueden decirnos ahora que el mercado es pobre y pequeño, y que por eso no pueden invertir en diseño. Que no deben aumentar los gastos. Con mayor razón habría qué ser atractivos, bellos y sugerentes.

Ni se les puede ocurrir que las carátulas colombianas obedecen al promedio del gusto nacional. De un supuesto mal gusto, marcado por lo viejo, lo mañé, lo cursi y lo kitsch. Ni por el carajo. Los que compramos libros -a veces, hay qué decirlo- notamos esas indignantes diferencias de gusto que nos hacen sentir maltratados.

Pero para que estas observaciones elementales no resulten gratuitas, veamos algunos ejemplos de libros colombianos recientes:

La audacia del poder

Jaime Bermúdez

Planeta.

Carátula apenas obvia. Vieja.

Confieso

 

Yidis Medina. Versión de Alejandro Villegas                                     

Ediciones B

Carátula mala. Fea.

 

 

 

 

Entre encajes y cadenas

Víctor Paz Otero

Villegas Editores

Horrorosa.

 

 

 

 

 

 

Mujeres libertadoras

Enrique Santos Molano

Planeta.

Fea. Vieja.

 

 

 

 

 

 

La muerte de Bola Triste

Juan Gossain

La Otra Orilla (Norma)

Mañé. Terrible.

 

 

 

 

 

 

 

El cartel de los sapos 2

Andrés López

Planeta.

 

Mala y fea

 

La pasión de Policarpa

Pedro Badrán                                                    

Grijalbo.

Sugerente. Bonita. Lograda.

 

El gran libro del Bicentenario

Varios autores                                                       

Planeta.

Terrible.

 

 

 

 

 

 

 

Como un bolero

Fernando Quiroz

Planeta.

Cursi. Antigua.