Como poco se lee prensa entre nosotros, se ha escapado de reacciones y comenarios una lamentable gaffe del comandante de la Policía Metropolitana, Valle del Aburrá, coronel Luis Eduardo Martínez:

“El legislativo no contó con que en Medellín hay casi que una delincuencia genética, y no se puede ser tan blando ni ofrecer tantas garantías con quien comete un delito”.

(Publicada en El Mundo, lunes 25 de enero, A/7)

Se acaba de publicar en Semana.com
“La propuesta del Presidente no tiene lado posible. Se aprovecha de personas sin experiencia, impulsivas, con frecuencia inmaduras, que pueden necesitar ese dinero. Se propone como salida al severo problema de violencia en Medellín y del Valle del Aburrá, lo que deja ver el desenfoque en que andan las autoridades, pues lo que el Estado debe ofrecer es educación, alternativas en proyectos productivos, deporte y entretenimiento, acceso a la cultura, planes de vivienda digna. Además, parecería que se quiere obtener información de carácter político en las universidades… ¿con qué fin? ¿Satanizar a profesores y a compañeros? ¿Perseguir? La política de informantes por dinero es perversa y destruye los valores fundamentales de convivencia”.

Los recientes datos sobre pobreza en Amérca Latina son deprimentes. Los acaban de suministrar la Orgnización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, y la CEPAL

- Uno de cada 4 latinoamericanos que habían logrado salir de la pobreza en los últimos 17 años, han vuelto a ella, gracias a la recesión 2008/2009

- O sea que hay cerca de 9 millones de pobres nuevos en América Latina. Cinco millones de ellos en el nivel de indigencia. Para un gran y doloroso total de 189 millones. De estos, 76 millones serán de indigentes.

- Quiere decir que los pobres eran el 33% de la población total de AL antes de la última crisis, y son ahora el 34.1%. Y se advierte que la pobreza podría crecer casi 7 puntos porcentuales para finales de 2010, frente a 2009.

- Dice la OCDE: “…en un año aproximadamente 39 millones de personas volverían (en AL) a caer por debajo de las líneas de pobreza nacionales, en la región”‘.

Mientras, en Colombia tenemos un presidente que dice en público, con desfachatez, que Colombia ha mejorado sus indicadores de pobreza y está ad portas de liberarse de ella.

A los militares acusados de los falsos positivos de Soacha los dejan libres por fallas de forma. Por vencimiento de términos. Como si no importara la materia muy grave -crímenes de lesa humanidad- de la que se les sindica.
Al referendo lo quieren salvar independientemente de todos los vicios de forma y de procedimiento, pues para un grupo resulta prioritaria su materia: la nueva reelección de don Uribe.
La ley se puede acomodar a todos los intereses… de quienes tienen el poder.

El salario mínimo en Colombia aumentó por decreto 15 mil pesos…
El transporte público se incrementó en promedio 100 pesos por viaje;
los servicios públicos aumentarán en promedio 5%;
los arriendos, el 3%
la telefonía celular, 3.9%
la educación, entre el 5 y el 7.5%
el predial, 3%
… como dicen, más claro no canta un gallo.

No puedo quedarme callado después de Avatar.
La primera lectura deja ver una historia hermosa, fuerte contenida, entretenida y palpitante.
La segunda lectura de la historia permite descubrir el manido salvador gringo que llega providencialmente a rescatar a un pueblo extra terrestre de la amenaza terrícola.
Aún así, Avatar es una película que es imprescindible ver. Sigue siendo atractiva, hermosa, intensa y nueva. Porque, sobre todo, marca un mojón; se convierte en el punto de partida consolidado del cine de animación, aliado por ahora con los efectos de la tercera dimensión.
Ya lo han dicho los entendidos: El cine no será igual en adelante.

El triángulo de carreteras troncales Medellín-Bogotá-Pereira-Medellín está bien. Solo que las calzadas tradicionales de dos vías resultan obsoletas e insuficienes. Ahora corremos desesperados a hacer dobles calzadas, para dentro de 20 años correr a hacer cuatro calzadas con urgencia.
Lo lamentable en aquellas carreteras es el tramo del puente sobre el Magdalena, en Puerto Boyacá, hasta Puerto Salgar. Sobre todo los primeros kilómetros: vil trocha.

Con todo respeto, con frecuencia me causa malestar cierto lenguaje empresarial que pretende crear climas favorables y hacer que las personas, cercanas y de más allá, sientan de verdad que los intereses de las empresas van de la mano con sus empleados y familias.

El caso más reciente, con espacios en la prensa, es la llegada de Rodrigo Fernández Correa a la dirección de Comfenalco. El ejecutivo viene de Almacenes Exito, donde era vice presidente de Gestión Humana. Como era de esperarse, Fernández hizo un simil desafortundado en cuanto que muchos sabemos que el Exito fue una cosa hace 30 años como empresa, y otra bien distinta hoy, en manos de mayoritarios franceses.

“…Comfenalco es similar al Exito en el sentido de que tienen en su esencia los mismos valores, sus principios de trabajar por la gente”, dijo a El Mundo.

Quién se cree de veras el discurso de relaciones públicas de Fernández? Sus colegas y los empleados de Confenalco? Porque no creo que los empleados y en general los trabajadores del Exito se sientan indentificados con esas palabras complacientes, dulzonas y cocas.

Administrar el recurso humano va bastante más allá del floripondio heredado de consultores gringos que han llenado el entorno laboral de discursos formales, de esos que apenas sirven para la apariencia.

Veremos qué pasa en Comfenalco. Por dentro y por fuera.

Una fecha como esta remite necesariamente a la realidad más dolorosa. En Medellín han sido asesinadas este año cerca de 100 mujeres, por ejemplo.

Hace algunas décadas era impensable, excepcional y escandaloso que alguna mujer resultara involucrada en un delito. Hoy es pan cotidiano. El acceso lento y tortuoso al mundo de lo público -dominado por los varones- ha metido de cabeza a las mujeres en lo peor de esta sociedad guerrerista, amante de la mano dura y proclive al delito como forma de subsistencia o de salirle al paso a las leyes.

Y muchas mujeres se encontraron sin defensas en ese enfrentamiento. Sobre todo las de orígenes más humildes. Obviamente se instalaron algunas en el poder, en cualesquiera de sus sorprendentes formas, y desde allí encontraron oportunidades para manipular y hacer parte de ese grupo gigantesco de ladrones de cuello blanco que se roban el país en cada vigencia y durante cada mandato omnipotente. Pero las más, la mayoría de las que han parado en las cárceles o caído en las calles, muchas de ellas apenas sobrevivientes, se dejaron enredar en las tristes ambiciones del delito callejero, de la droga, de la militancia paramilitar, y tenemos a veces sus cuerpos sin vida como resultado de estos cambios indigestos.

El país tiene a la mayoría de sus mujeres abandonadas. Los cientos de miles de madres cabeza de familia hablan de la total falta de responsabilidad de muchos hombres. Y de la incapacidad del Estado para controlarlos. Las mujeres desplazadas, que son la mayoría, esperan en vano la mano de un Estado que apenas entiende de fusiles, de una falsa seguridad y de una falsa democracia.

Pero no. En Colombia se atienden con eficiencia -relativa- todos los frentes de la guerra. Desde la que se libra en las montañas hasta las que se calculan desde las oficinas de los gobernantes y entre los representantes de los poderes públicos.

Las mujeres no cuentan. Tal vez cuando se convierten en cifra que le sirva al establecimiento para darse aires.

Ella caminaba con una amiga desde el Parque de La Milagrosa, en Medellín, donde quedaba su colegio, hasta su casa. Dos cuadras antes de llegar, en una curva medio solitaria de la calle principal, se les acercó por detrás una moto con dos pillos.
A la amiguita la hicieron retirarse. “Si no te quitás, te matamos…” y a ella la tiraron al suelo y allí, bocabajo y sin mediar palabra, le pegaron varios tiros.
Los sicarios huyeron a toda y la gente salió de sus casas para encontrarse con la escena. Una jovencita paralizada por el terror y otra jovencita de 14 años muerta en plena calle.
El papá y la mamá llegaron minutos después a llorar en medio de una angustia sin límites.
El CAI queda a tres cuadras.