Ya era tiempo de que el Minsterio de Transporte y Tránsito, aunque fuera a través de un concesionado, centralizara toda la información sobre vehículos en Colombia. Porque el caos en esta materia y en muchas otras que le son familiares, ha sido tremendo. Demoledor.
Ese caos en el manejo de la información puntual sobre vehículos ha aplazado por décadas la aplicación de mínimas y urgentes disposiciones de control, y ha servido para que los delincuenes -que viven y se enriquecen de falsedades de todo orden- disfruten de amnistías obligadas por las circunstancias.
Para no alargarme, las 242 secretarías de transporte y tránsito departamentales y municipales que existen en Colombia deben enviar toda la información sobre vehículos matriculados en sus territorios, organizada y segura. Pero a pesar de que la medida y los procedimientos fueron anunciados hace muchos meses, ahora, a mes y medio del vencimiento de los términos, se ponen de pelo parado y alegan que no tienen suficiente tiempo, ante todo por razones técnicas. En otras palabras, por razones ajenas a ellas. Pobres! Los cogió la noche y se van a quedar por fuera de la teta de oro en que se ha convertido la ya histórica corrupción en estos asuntos.
Burocracia, herrumbrosa pero aceitada, que quiere mantener los desafueros en su propio beneficio y en contra del ciudadano .
Me tiene fuera de paciencia la cortedad de la respuesta de las autoridades militares y de policía frente al macabro racimo de muertes violentas de cada fin de semana en Medellín.
Algunos comerciantes de Medellín quejándose porque no les fue bien en el Día sin Carro, hacen pensar en los errores que hemos practicado siempre con devoción. En la prepotencia de los intereses particulares sobre el bien general, de la comunidad.

A comienzos de los 70, la responsabilidad de la polución en Medellín se distribuía -a ojo- por partes iguales entre los automotores y la industria. Igual nadie hacía nada, aparte de denunciar. Muchos lectores de diarios en ese tiempo miraban el asunto como pataleta de algunos desocupados. La verdad era que las chimeneas sobre la ciudad arrojaban millones y millones de partículas no solo contaminantes sino agresivamente peligrosas.
La directora de El Colombiano, de Medellín, María Mercedes Gómez Martínez, escribió una crónica en su diario sobre el tratamiento infame que sufrió -como todos los colombianos- en la Embajada de España, en Bogotá, cuando fue a solicitar una visa para asistir a un seminario académico en Barcelona.

Continúa el “reacomodamiento” de las bandas criminales en Medellín.
Lo que más me preocupa de los 15 crímenes del pasado fin de semana en Medellín -y creo que la cifra es inexacta pues por otras cuentas al parecer fueron más- es la explicación de la policía.
El Metro de Medellín anunció muy solemnemente que someterá a revisión técnica, durante unos 10 días, la línea del metrocable Acevedo-Santo Domingo Savio. Y que enseguida hará lo mismo con la línea del metrocable San Javier-Vallejuelos. Muy bien. El sistema debe estar al día, a punto.
La Minga Humanitaria, o sea el viaje a pié de más de 100 indígenas por la selva del sur del país en busca de los cadáveres de los 12 Awá asesinados por las Farc, dio sus resultados. Encontraron ocho personas en fosas comunes. Qué bien! Qué duros!