Archivos mensuales: Agosto 2009

Hoy le tomo prestado a Fernando Garavito este título, “País que duele”, porque lo necesito. Me cuadra al dedillo.

Siento que Colombia apenas sobreagúa, nada a lo perrito, traga agua. A los 20 años del asesinato de Galán muchas cosas continúan iguales o peores, aunque algunas jalonan procesos importantes. Pero la realidad es que el país se olvida de asuntos fundamentales: el hambre acorrala a muchas familas, la falta de oportunidades lleva a los jóvenes a la delincuencia, la guerra de nunca acabar se traga los presupuestos, la salud se ha vuelto un reclamo sordo en un desierto de tutelas, los desplazados desfallecen olvidados, los ejércitos de paras vuelven por sus fueros, las autoridades piensan en que la represión lo arreglará todo y el gobierno aplaca incendios que él mismo prende.

Apenas respiramos. Apenas sobrevivimos. Y en este panorama, los bancos son los únicos que sacan tajadas enjundiosas. Los otros poderosos se quejan y el emprendimiento apenas les alcanza para calcular su recuperación y el engorde de sus ingresos. La mayoría del país rebusca, se afana, come callado, es testigo de las injusticias y de la marcha pesada, solemne y dudosa de la justicia.

Galán reposa en una momoria colectiva resquebrajada, afectada por el promeserismo, asfixiada por la vida cotidiana de campo de concentración. Mientras tanto los políticos se apresuran a brillar sus palanganas, a desempolvar sus discursos falaces, a reinventar sus estrategias de venga vote y olvídese.

Hoy retomo mi blog con nostalgias sobre mi espalda. No las cuento con frecuencia. Ni me las trago. Las voy digeriendo día a día, sin afanes, porque tampoco me atosigan.

Ahora escucho una música que me lleva a Londres, que me instala en esa ciudad donde no parece que reposara el tiempo, donde la marcha es inclemente pero intensa. Donde cada paisaje urbano deja una huella. Y todo eso me encadena con mis hijas, Mae y Manu, que mantengo adentro, resguardadas, pero que en la realidad geográfica viven bien lejos, en una especie de polos: San Francisco y Buenos Aires. Mis hijas me obligan a pasear entre los recuerdos, en pos de ellas, de sus voces y de sus miradas.

Y esta mañana estuve en una reunón en la Universidad (de Antioquia) donde comenzaré a dictar tres materias, la semana que viene, en la carrera de Periodismo. Reunión de profesores de cátedra. Y en ese salón enorme del segundo piso de bloque 12 me di cuenta -ya sí de veras- que ahora soy otro, un recién llegado, una especie de extraño que aparece para cumplir con sus compromisos y desaparece después del café de rigor en la antigua Hello Kitty. Ahora soy pasajero, transeunte, profe de cátedra, alguien que va y viene sin dejar sombra. Espero eso sí, dejar marcas en mis alumnos.

Otras cosas me esperan. Una novela me hala, me exige tiempos, me hace llamados interiores que se acumulan y presionan. Y eso está perfecto.