M. SosaMercedes Sosa llenó muchas horas de mis días y noches. Desde comienzos de los 70. Con entusiasmo y paciencia fui consiguiendo sus discos. Primero en casetes, pues era bien difícil acceder a los long play, y después en acetatos. Uno a uno los encargábamos a viajeros y seguidores. El mercado de las grabaciones de La Negra era restringido, pues las disqueras nacionales no se interesaban en ella. Sólo cuando ya era evidente su fuerza, su caudal de admiradores y el efecto masivo de sus canciones, aparecieron en Colombia las grabaciones.

Los medios tampoco le prestaban atención entonces. Les resultaba a muchos una artista de izquierda y eso les causaba erisipela. Sus letras reveladoras y con frecuencia llenas de mensajes sobre las pobres realidades y las injusticias sin cuento en América Latina, podrían parecerles peligrosas. Pero todos -disqueras y medios- se olvidaron de ello cuando Mercedes Sosa saltó por encima de todas las barreras y discriminaciones, en especial hacia el fin de su exilio en Europa, donde había ido a refugiarse ante las tenebrosas y repetidas amenazas de la vieja Triple A argentina, una especie de cuerpo paramilitar al servicio de la dictadura.

Ahora, ya cargada de logros y reconocimientos, Mercedes se ha ido. Yo la dejé de oír por años pues me había saturado. Apenas ahora vuelvo a escuchar algunas de sus canciones de los 80, para mí las mejores. Se ha ido pero su rastro en mi vida -y en la de muchos de mi generación- queda como una marca de hierro candente.

Un Comentario

  1. Definitivamente me enamoré con sus canciones, me las bebí completamente y me llenan de nostalgia.


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